La agricultura es orgullo e identidad andaluza, pero también fuente de tensiones. El modelo intensivo actual ha generado riqueza y empleo, pero a costa de consumir grandes volúmenes de agua y de precarizar las condiciones laborales en algunos sectores.
Los riesgos son múltiples:
- Dependencia de monocultivos (olivar, frutos rojos, hortícolas de invernadero).
- Vulnerabilidad frente a la volatilidad de los mercados internacionales.
- Deterioro de suelos y pérdida de biodiversidad.
El futuro requiere una transición agroalimentaria hacia:
- Agroecología y diversificación de cultivos.
- Cadenas cortas de distribución que reduzcan intermediarios.
- Transformación en origen para aumentar valor añadido.
- Protección de variedades autóctonas y patrimonio gastronómico.
Andalucía tiene el potencial de ser pionera en un modelo de soberanía alimentaria sostenible, que beneficie tanto al campo como a los consumidores y refuerce su identidad cultural ligada a la tierra.


